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Velázquez, con un
buen ganado prestigio de hombre inteligente, culto y prudente, fue cómplice de una gran
mentira. Una falsedad absurda e increíble, en la que estuvo involucrado el monarca Felipe
IV, e incluso, de alguna forma, el mismo Papa.

| "Felipe IV con coraza". Uno de
los primeros retratos de Velázquez del jóven monarca. |
En 1599 nacía en Sevilla, en el seno de una familia
acomodada, Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, uno de los mayores genios de la pintura
de todas las épocas, el que, curiosamente, sería universalmente conocido por el último
de sus apellidos, como siglos después sucedería con Picasso.
Los abuelos de Velázquez, atraídos por la pujante y rica Sevilla, una de las
ciudades más florecientes de Europa gracias a su comercio con América, habían emigrado
desde su Portugal natal a la metrópolis andaluza. Esta aparente extranjería de los
antecesores del pintor es equívoca, ya que Portugal, por aquel entonces, era uno más de
los distintos reinos que estaban sometidos al poder de la monarquía española.

| "La adoración de los Reyes
Magos". Obra de juventud, de estilo tenebrista, pintada en Sevilla cuando tenía 20
años. Ese mismo año Velázquez fue padre por primera vez. |
El joven Diego dio sus primeros pasos en la pintura
en el taller de Francisco Pacheco, discreto pintor sevillano pero buen maestro, llegando a
ser su discípulo predilecto. Enamoró a su maestro con su inteligencia, su carácter y su
extraordinaria facilidad por la pintura, al tiempo que le robaba el corazón a su
jovencísima hija Juana de Miranda, con la que contraería nupcias a los 19 años.
Tras alcanzar merecida fama como artista precoz, con una pintura que los expertos han
etiquetado posteriormente como tenebrista debido a sus claroscuros, cuando
contaba 23 años decidió trasladarse a Madrid, donde esperaba triunfar e introducirse en
la corte. En este primer viaje no consiguió su objetivo.
Fue un año después, cuando gracias al retrato que le hizo al capellán real, obra
de la que se perdió el rastro, pudo conocer al joven monarca, que por aquel entonces
tenía 18 años. Con los méritos de la difícil facilidad de su pintura, su inteligencia
y su calidad humana, Velázquez impresionó a Felipe IV que lo nombró pintor de cámara y
mantuvo con él una estrecha relación que duró hasta los últimos días del pintor
sevillano.
Según otras versiones, fue el valiosísimo apoyo del Conde-Duque de Olivares, valido del
Rey y uno de los hombres más poderosos del Imperio, lo que le ayudó para triunfar en la
Villa y Corte. Velázquez vivió felizmente en palacio durante treinta y siete años, en
unión de su mujer y sus dos hijas, Francisca e Ignacia. |

| Extraordinario retrato del Pontífice
Inocencio X, realizado durante la estancia del pintor en Italia. |
Aparte de ser una persona de amplia cultura y poseedor de una
extensa biblioteca, sus biógrafos le suponen sagacidad y astucia fuera de lo común para
haber podido sobrevivir a las intrigas y envidias -durante casi cuatro décadas- de una
corte como la de Felipe IV. Tuvo por amigos a nobles y a artistas. Fue buen amigo de
Quevedo, pintó a Góngora y a Gracián, mantuvo amistad con Rubens. Viajó a Italia,
donde pintó al Papa Inocencio X (el Pontífice cuando vio su retrato terminado
sentenció:Troppo vero con lo que se reconocía retratado tanto física como
espiritualmente sobre el lienzo). Según parece, como resultado de su estancia en Italia
tuvo un hijo natural -al que jamás llegó a conocer- y que ha servido para desmentir, en
cierta medida, su fama de hombre intachable y virtuoso.
Felipe IV, el mayor coleccionista de pintura del mundo en aquella época, tuvo la fortuna
de disponer de un asesor de la categoría de Velázquez que le hizo incrementar su
pinacoteca en más de 2,000 obras de arte.
Extrañamente, este artista, que alcanzó las más altas cotas en la simplificación de la
pintura, y que tenía la genialidad de aplicar el mínimo de certeras pinceladas, y que
incluso pintaba alla prima sin casi abocetar, produjo bastantes menos obras
pictóricas que muchos otros pintores de la época. Se consideran procedentes de sus
pinceles unos 130 cuadros, y se le atribuyen -sin que haya certeza absoluta para
considerarlos velázquez- algo más de 400. En algún cuadro, como en el de la
Infanta doña Margarita de Austria se ha querido ver la mano del yerno de
Velázquez, Martínez del Mazo, que fue su sucesor como pintor de cámara del Monarca.
Esta relativa escasez de producción pudo estar motivada por una doble causa. Por una
parte, pocos pintores en la historia han tenido la oportunidad de mantener casi toda su
obra reunida, al alcance de su mano, para examinarla e introducir las modificaciones que
su genial madurez artística le aconsejaba.

| Este retrato del
joven rey Felipe IV, fue
pintado en sus primeros años de pintor de la corte, y es una prueba de sus
"arrepentimientos". Originalmente estaba con las piernas entreabiertas a la
misma altura, y la mano izquierda apoyada en el bufete. Las radiografías
evidencian la posición anterior. Actualmente, incluso a simple vista, puede apreciarse la
forma del pie en la esquina inferior derecha. |
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Estos
son los llamados arrepentimientos de Velázquez. Sustituyó posiciones
o rasgos con nuevas pinceladas escuetas y precisas.
La cruz de Santiago que luce en su
propio autorretrato dentro del cuadro de Las Meninas (que en los inventarios
reales figuraba denominado como de la familia) fue añadida por una mano anónima
después de su muerte y no por el mismo Rey, como cuenta cierta leyenda.
El otro hecho que pudo haber restado geniales obras de arte a la posteridad, fue su
absoluta entrega a la Casa Real, desempeñando otros cargos superiores al de pintor de la
corte, como superintendente y aposentador mayor. En 1660 estuvo presente en la firma de la
paz con Francia, en la Isla de los Faisanes, cercana a Fuenterrabía, donde como parte de
los pactos se entregaba a la infanta María Teresa como esposa de Luis XIV. Un mes
después Velázquez caía enfermo, muriendo el 6 de agosto de 1660, a los 61 de edad,
sobreviviéndole su esposa muy pocos días.
Historiadores y críticos creen que
Felipe IV siempre fue favorecido
físicamente en los retratos que le hizo
Velázquez. De haberlo pintado como era en realidad su cargo hubiera peligrado. |
Este pintor incomparable, el pintor de la atmósfera y de la
profundidad, que había sido contratado como pintor de cámara por el Rey en 1623 por 20
ducados, a principios de 1640 ya ganaba 1,500 ducados anuales más gastos de casa, y
percibía aparte el importe de encargos especiales.

| "Juan de Pareja". Velázquez
alcanza en los retratos un nivel no superado por pintor alguno en la historia. |
Pero casi en la última etapa de su vida, cuando tenía 58 años,
por imposición de Felipe IV se montó la gran mentira. Se abrió un minucioso expediente
de limpieza de sangre y de linaje familiar, para poder ennoblecer a tan fiel servidor y
amigo. Los testigos, miembros a su vez de la nobleza, hicieron constar que Velázquez no
había ejercido jamás el oficio de pintor, que había vivido con la ociosidad y el decoro
propio de la nobleza y que la pintura había sido el desarrollo de un don, pero no su
fuente de ingresos.
Se tuvo que demostrar, para poder ennoblecerlo, que no había trabajado nunca
manualmente, que la pintura no era su oficio y que no había vendido jamás sus cuadros.
Sus pinturas sólo las había ejecutado por gusto suyo y obediencia de S.M. para
adorno de su Palacio Real, donde tiene oficios honrosos. Este documento fue firmado bajo juramento, con el beneplácito del Rey,
procurando olvidar que incluso el propio Papa había pagado a Velázquez por su retrato.
Siglos después, la
nobleza de Velázquez apenas tiene
importancia, mientras la
inmensidad de su obra ocupa un
destacadísimo lugar en la
Historia del Arte.
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