por Antonio Guerrero ags@ctv.es
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![]() Aparte de la leyenda citada que dio origen a los Nacimientos, de veracidad más o menos contrastada, lo que si está comprobado es que las primeras imágenes con las que se reproducía la llegada de Jesús fueron realizadas en Italia en la segunda mitad del siglo XVII, época en que la escultura barroca religiosa tuvo un destacado esplendor. Algunas de estas figuras alcanzaron tamaño natural e iban vestidas con ricos ropajes y pelucas. En España se introduce esta moda de la mano del rey Carlos III, que habiendo conocido y admirado en Nápoles estas creaciones, encarga a dos artesanos valencianos la copia de figuras napolitanas. Según registros llegaron a realizarse en ese encargo unas seiscientas piezas. Por aquel entonces las figuras estaban primorosamente modeladas sólo en la parte visible: cabeza, brazos, manos, piernas y pies. El cuerpo estaba relleno de fibras vegetales que le conferían gran adaptabilidad a las distintas posiciones. Los vestidos se les confeccionaban, a veces, con bordados e hilos de oro para la Virgen y a San José, y con tejidos más rústicos para los pastores. La moda del belenismo se extiende por toda Europa durante los siglos XVII y XVIII, realizándose las figuras con las más variadas formas y materiales, según las tradiciones artesanales de cada lugar. En Italia se hacen unas bellísimas imágenes de porcelana, en Cappodimonte. En Baviera y en el Tirol las figuras son tallas de madera con vestidos de tela. En Austria, además, las figuras son de cera con ropajess de tela o de papel. En Francia, durante el reinado de Luis XIV son abundantes los Nacimientos que fabrican con todo primor los Carmelitas de Arlés y los Cartujos de Avignon. La Revolución que hizo rodar cabezas con su guillotina también cercenó esta actividad religioso-artesanal. En España numerosos artistas, algunos de gran renombre, trabajaron estas figuras tradicionales. Son de destacar Francisco Salcillo (1701-1783) y con anterioridad Luisa Roldán "La Roldana" (1656-1783). |
El montaje del Nacimiento seguía en los hogares una especie de ritual, que comenzaba
al desenvolver, como viejos tesoros, las figuritas y los objetos guardados. El reencuentro
con lo ya olvidado, como el molino al que le quedó rota un aspa, el castillo de Herodes
que habría que situar siempre en la lejanía, la estrella de oriente con su curvada cola,
el ángel que colgaba del portal... |
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Desgraciadamente esta vieja tradición -para la que no hacía falta ni siquiera ser creyente- está cediendo ante la invasión de los abetos y árboles navidad de origen nórdico, de Santas Claus papás noeles y de horrorosos pseudo-árboles de material plástico. Hay tradiciones que es una pena que se pierdan, y esta es una de ellas. |
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