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Nos lo ocultaron. Como tantas cosas. Durante la dictadura franquista lo que
no gustaba, simplemente no había existido. Blas Infante fue, para todos los niños de la
postguerra, un nombre y una figura desconocidos. Había servido como diana humana en un
fusilamiento, el 11 de agosto de 1936, y no merecía nada más.
Confieso sin rubor que las primeras veces que oí asociado el nombre de Blas Infante al de
"padre de la patria andaluza" no pude entender cómo había podido pasar tan
desapercibido, para mi y para muchos otros, un personaje de esta dimensión.

En cambio, los poetas "proscritos", Alberti,
Lorca, Celaya, Hernández y tantos otros, los habíamos conocido y amado,
leyéndolos con avidez en los humildes tomos de la bonaerense Editorial Losada. Tal vez
llegaran a nosotros porque la pluma de los poetas es tan afilada y leve -y para algunos
ojos invisible- como una cerbatana. Pero los escritos de un político, al que le habían
adherido la etiqueta de separatista, podían ser muy nocivos y peligrosos, y tenían que
ser cuidadosamente controlados.
Con el tiempo supe que Blas Infante, abogado, notario, político y escritor, había
participado activamente en la creación de los Centros Andaluces y en la Asamblea de Ronda
(que dio como fruto la restitución de la bandera andaluza y la composición del himno de
Andalucía). Que había sido perseguido durante la dictadura de Primo de Rivera y que al
nacimiento de otra dictadura, que se prolongaría en el tiempo, habían segado su vida.
Sus escritos -algunos de gran profundidad y complejidad- han sido escasamente difundidos.
Se ha tendido a reproducirlos, con frecuencia, de forma fragmentada y fuera de contexto,
así su pensamiento ha podido ser interpretado según la lectura y conveniencia del más
variado abanico ideológico.
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No obstante sus etapas más o menos radicales, debe tenerse en cuenta que, como es obvio,
el pensamiento de Blas Infante (Casares [Málaga] 1885) fue consecuencia y espejo de la
época que le tocó vivir. Fueron aquellas unas décadas llenas de incertidumbre, de
conmociones políticas y de reivindicaciones obreras.
Conoció durante su adolescencia los primeros movimientos nacionalistas-separatistas de
las dos regiones más desarrolladas e industrializadas de la península. El País Vasco
bajo la influencia de Sabino Arana y Cataluña con Prat de la Riba, mientras él vivía en
una Andalucía eminentemente rural, deprimida y latifundista.
Habían surgido nuevas ideas políticas como el socialismo y el anarquismo, tendiendo
éste último hacia la perpetración de atentados y del terrorismo individual.
Se acababa de desmembrar la España colonial, con la pérdida de Filipinas y Cuba.
Marruecos era un incesante lugar de tensiones y enfrentamientos militares.
Algunos políticos, como Lerroux, eran capaces de publicar (La Rebeldía. Barcelona,
1.9.1906) panfletos como el siguiente:
"Jóvenes bárbaros de hoy: entrad a saco en la civilización decadente y
miserable de este país sin ventura; destruid sus templos, acabad con sus dioses, alzad el
velo a las novicias y elevadlas a la categoría de madres para civilizar la especie;
penetrad en los registros de la propiedad y haced hogueras con sus papeles para que el
fuego purifique la infame organización social; entrad en los hogares humildes y levantad
legiones de proletarios para que el mundo tiemble ante sus jueces despiertos. No os
detengáis ni ante los altares ni ante los sepulcros... ¡Luchad, matad, morid!..."
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España, que en 1900 tenía una población aproximada a 18,5 millones de habitantes,
dedicaba el 65% de su población activa a la actividad campesina. (En varias provincias
andaluzas este porcentaje se mantuvo hasta los años 50). Mientras algunas regiones se
desarrollaban gracias a la industrialización -la siderurgia en el País Vasco, el sector
textil en Cataluña- otras, como Valencia, consolidaban el cultivo de cítricos. Mientras
tanto, Andalucía seguía con sus conflictos endémicos como consecuencia de la
explotación del campesinado. 
Este negro panorama es el que tuvo ante su vista el joven Blas Infante, y caldo de cultivo
en el que se fueron desarrollando sus ideas. Es evidente que su ideario no es
íntegramente aplicable hoy, cuando las condiciones de vida han tenido un cambio tan
radical respecto a las de su época (aunque la explotación del ser humano siga existiendo
en nuestra tierra, pero ahora más marcadamente sobre la inmigración).
Hoy debemos recordar con respeto, sea cual sea nuestra ideología política, al hombre que
escribió: ANDALUCÍA, POR SI, PARA ESPAÑA Y LA HUMANIDAD".
Y al político sobre el que el Pleno del Parlamento de Andalucía, en sesión celebrada
los días 13 y 14 de Abril de 1983, aprobaba una Proposición no de Ley, la 6/83, que
decía:
"La Historia ha reconocido la figura de Blas Infante
como Padre de la Patria Andaluza e ilustre precursor de la lucha por la consecución del
autogobierno que hoy representa el Estatuto de Autonomía para Andalucía".
Blas Infante fue fusilado, injustamente, por defender a Andalucía. Pero, con toda
justicia, hoy ocupa un lugar destacado en la historia de nuestro pueblo.
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